14 julio – El Que Provee
Lamentablemente el sistema de salud de mi país (Puerto Rico) no es el mejor y cuando uno llega a estar en una situación en la que debe ser horpitalizado por largos periodos de tiempo o en la que debes recibir tratamientos sumamente costosos, la preocupación por el dinero se suma a la que ya tienes por tu condición. Y a mí que siempre me gusta tener las cosas bajo control, en esos días caí en el desespero, pues lo menos que quería era, además de tener a mi familia preocupada por mi salud, ser también una carga económica para ellos.
Yo pagaba un plan médico privado, de los más económicos del país, pero el mismo no cubre medicamentos y todos los servicios deben ser dados por ese único hospital privado. Cuando salí de su sala de emergencias y me trasladan al Hospital Municipal, de las primeras cosas que me pasaron por la mente fue: ¿Y quién va a pagar esto?. Pero por el hecho de que ellos mismos me trasladaron pensé, bueno, será que ellos se harán cargo… Luego me entero que mi estadía allí sería más larga de lo que pensé. Empecé a tener problemas para que el plan costeara mi prueba de la médula ósea, y así se iban sumando las preocupaciones económicas y de salud, formando una explosión de pensamientos en mi mente. Un médico, al que le estaré eternamente agradecida, fue capaz de llevar mi prueba de la médula ósea en su propio vehículo de un hospital a otro para que me la pudieran realizar lo más pronto posible. Y es que desde el principio he visto la mano de Dios poniendo gente especial en mi camino y obrando a mi favor en todo este proceso.
Más adelante cuando ya conocen exactamente mi tipo de lucemia y cuál sería el tratamiento a darme, me comunican que las pastillas de la quimioterapia que me van a dar son sumamente costosas y que debo solicitar el plan vital (del gobierno) para que las pueda costear. Pero que esa primera ronda de pastillas me las iba a regalar el hospital (Dios es bueno). ¿Pero y después? Todos saben que ese plan del gobierno generalmente se lo aprueban a personas de escasos recursos, y yo siendo de clase media dudé mucho que me lo aprobaran. El conseguir el papeleo para solictarlo se convirtió en un estresante más para mí. Mi esposo tuvo problemas para conseguir unos papeles de su empleador en aquel entonces y así mis niveles de estrés iban en aumeto. Esto sin contar que la persona a cargo de someter los papeles para su aprobación tenía también sus problemas personales y no estaba al cien porciento en su trabajo. Efectivamente la primera solicitud para el plan del gobierno me la denegaron.
Luego que me denegaran el plan fue que me dieron de alta del hospital. Por eso fue una salida agridulce como conté en uno de mis blogs anteriores. Pues aunque me sentía bien dentro de todo, aún no me habían hecho la prueba de la médula ósea nuevamente para saber como había reaccionado mi cuerpo al tratamiento. Esto me hacía sentir que me estaban despachando solo por que no había quien pagara por mi estadía. Cuando salí de allí pase varios días llorando, pues sentia que mi cuerpo era una bomba a punto de estallar y que si no conseguía algun plan que costeara mi prueba de la médula a tiempo mi enfemedad volvería en cualquier momento. De ahí mis jefes incluso me consiguieron un contacto de una persona dispuesta a ayudarme para que me pudiera hacer la prueba en otro hospital, y así me dieron un rayito de esperanza. Pues una mujer con su hijo bajo tratamiento, estuvo dispuesta a ayudarme (Dios la bendiga dondequiera que esté). Pero una vez más Dios tocando corazones, entre los médicos (otro al cual también le debo mi agradecimiento) y la persona a cargo, sometieron mi solicitud nuevamente y me aprobaron el plan. ¡Aleluya!
Y así, he visto a Dios moverse incluso en el ámbito económico. He recibido ayuda de familiares, amigos, hermanos en la fe e incluso solo conocidos, que se han desbordado regalandome útiles para que mis estadías en el hospital sean mas llevaderas, se han unido en oración por mí, me han mostrado su afecto desde la distancia e incluso me han ayudado monetariamente. Dios ha usado hasta el personal de enfermería para bendecirme. Además, soy afortunada de tener unos jefes maravillosos que no me dejaron perder mi empleo y siempre han dicho presente en el asunto. Por otro lado, también solicité una ayuda gubernamental para el costo de mi trasplante y me lo aprobaron. Y aunque en este blog hablo en la mayor parte del ámbito económico, también he visto como cuando he necesitado plaquetas y transfusiones de sangre, han aparecido muchos a ayudarme, cuando he necesitado consuelo y palabras de aliento, Dios ha puesto a las personas indicadas para hablarme, cuando he necesitado que me escuchen, Él siempre me ha prestado su oído. Es por esto que hoy puedo decir que he conocido al Dios proveedor.
Así que así como Jesús suplió alimento a cinco mil con apenas 5 panes y 2 peces (Lucas 9:10-17), así como Jehová proveyó el cordero para que Abraham no sacrificara a su hijo (Génesis 22:8-14) y brindó agua y maná en medio del desierto al pueblo de Israel (Génesis 16:4-5; 17:5-6), así se encargará el Señor que cubrir nuestras necesidades. “Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él. Temed a Jehová, vosotros sus santos, Pues nada falta a los que le temen. Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.” (Salmos 34:8-10 RVR1960). Después de todo ese salmo 23 tan famosísimo nos lo afirma: “Jehová es mi pastor; nada me faltará.”(Salmos 23:1 RVR1960) Y aunque es difícil creerlo cuando nos encontramos sumergidos en la necesidad, hoy les puedo afirmar que lo vi obrando en mis días de angustia y que el simple hecho de tener a Dios en el corazón es la riqueza más grande que podamos tener, pues como mencioné anteriormente, no solo es proveedor de bienes materiales, sino que también es bálsamo en la angustia, paz en la tempestad, guía en la adversidad y si sigo no termino…
Concluyo mencionando que estas promesas de provisión como pueden leer en estos versos son condicionadas. Son para lo que temen al Señor, para los que son ojevas de Jehová, para los que ponen el reino de Dios y su justicia primero: “Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas. Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.”
(S. Lucas 12:29-31 RVR1960). También estan condicionadas para aquellos que se han encargado de sembrar en otros, pues despues de todo, ¿a quién usa Dios para bendecirnos si no es a nuestro pójimo? “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.”
(Gálatas 6:7-10 RVR1960). Si decidimos vivir en constante contienda con otros, ¿cómo hemos de esperar ver una mano amiga en el día de la angustia?
En fin, a nosotros también nos toca ser buenos administradores de lo que recibimos y de sus bendiciones, porque tampoco es que este hablando de el dios que venden por ahí que nos llena de lujos y placeres (aunque también lo he visto cubrir mis antojos). Pero sí hablo de un Rey que, cuando llegan los tiempos difíciles, conoce nuestra necesidad y nos da la certeza de que nuestras súplicas no caen en oídos sordos. Así que cualquiera que sea la posición en la que te encuentres, recuerda que Jehová Jireh (Dios proveerá).

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