25 mayo – El desahogo
He tratado de ser fuerte todo este tiempo, pero les soy sincera, esta última semana me quebré y me quejé. Hace poco leía un blog de alguien con la misma enfermedad que yo pero que lleva mucho más tiempo luchando con esto. Ella comparaba la noticia de su diagnóstico como cuando te lanzan a una piscina para que aprendas a nadar. O nadas, o te ahogas, no hay opción. Entonces me sentí tan identificada y entendí que la frase esa de: “La vida no te pregunta si quieres ser fuerte, te obliga a serlo.”, es bastante cierta. Porque, ¿quién en su sano juicio pasaría por esto sin sentir miedo? Pero el miedo no es una opción, lo llevas contigo todo el tiempo pero lo tienes que meter en la gaveta, porque o eres fuerte o te echas a morir. Tal vez por eso Dios nos dejó plasmado en la palabra : “…diga el débil: Fuerte soy.” (Joel 3:10 RVR1960)
En mi caso ya la enfermedad me tocó a la puerta, ya me dijo que esta ahí, ya me tocó enfrentar esas primeras semanas tan fuertes a solas en un hospital, recibir la noticia, experimentar que me pusieran una tubería en el pecho, mirarme al espejo llena de machas rojas y de bultos bajo mi axila, entonces pensé: “ya pasó lo peor”; pero no... a pesar de que he intentado ver todo con optimismo, finalmente llegaron los días en que la abrumadora experiencia que vivo me llegó a los nervios. Tal vez porque he desenfocado un poco la mirada del de allá arriba, o a lo mejor es simplemente mi humanidad hablando. Lo cierto es que estas úlimas semanas me han dao’ duro emocionalmente cuando miro que lo que se supone que me este manteniendo con vida me esta trastocando todo mi sistema. Me veo tomando pastillas y medicamentos para poder tomarme otras pastillas y que no me caigan mal, me veo con la libertad limitada pues las defensas de mi cuerpo son practicamente inexistentes y finalmente veo que no he salido bien del hosital y ya tengo fecha de entrada para la próxima ronda de quimioterapias. Eso sin contar el pánico que me causa tan solo pensar en el día del trasplante. A veces llega ese pensamiento de si será peor el remedio que la enfermedad… pero no, no quisiera volver atrás.
Entonces me recuerdo a mi misma: “oye, tienes que ser agradecida”. Estoy en remisión y en esta última cita la doctora se sorprendió de mi proceso, ya que gracias Dios hasta ahora nunca había tenido complicaciones de infecciones ni de ninguna otra. Tambíen un médico me había dicho anteriormente: “Ojalá todos los pacientes fueran como tú, sin complicaciones”. Así que sé que dentro de todo soy afortunada y estoy agradecida, no me mal entindan. Creo firmemente que todo esto es gracias a la fe y a sus oraciones. Pero vamos… he sido una persona bastante saludable toda mi vida. Aparte de ser intolerante a la lactosa (ni siquiera confirmado oficialmente) y de luchar con la obesidad, nunca he sido persona de andar de hospital en hospital ni de tomar medicamentos. De hecho, me esforcé tanto el año pasado en cambiar mis hábitos, en comer saludable y hacer ejercicios para que hoy todo se este iendo por la borda, pues he aumentado bastante de peso también. Entonces se junta todo eso: la ceguera, la boca seca y las úlceras, el estreñimiento, la obesidad, los dolores, mis manos con moretones por las agujas, la calvicie y los miedos y cuando me miro al espejo… ¿Qué se supone que vea? ¿Cómo se supone que me sienta?
Sabía desde un principio que esto sería un proceso largo, ya me lo habían advertido. Es solo que quisiera tener un control remoto que le diera “fast foward” a la vida y ya me sacara de aquí. Sé de otras personas que estan luchando con lo mismo, que incluso ya han recibido su trasplante y aún continúan su lucha. Entonces empieza a hablar mi débil humanidad con sus dudas, su desespero y sus temores y me pregunto: ¿Cuánto tardará todo esto, si yo apenas estoy empezando? Sólo llevo tres meses y ya he sentido el peso del cansancio. Pero a pesar de mi humanidad y mi debilidad, qué bueno que cuento con un Dios que seperfecciona en ella: “pero él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo.” (2 Corintios 12:9 NVI). Reconozco que si lo he logrado hasta ahora es por su gracia y que el que empezó la obra en mí la va a completar (Filipenses 1:6). ¿Cuándo, cómo y dónde? No sé, solo sé que lo hará y que ya empezó a hacerlo. Además, qué bueno que Dios nos ve con otros ojos, que ve el panorama completo. Como cuando llamó a Gedeon “varón esforzado y valiente” mientras este se escondía de los madianitas (Jueces 6:12). Tal vez me miró como a Gedeón y me vió capaz de soportar esto, y sinceramente, a pesar de todo, yo también he visto cosas en mí de las cuales nunca me creí capaz.
Finalmente, aclaro que no escribo estas palabras para victimizarme por mi condición o para simplemente ventilar a los cuatro vientos mi vida privada. La relidad es que en esos primeros días de este proceso, que no ha sido fácil, me hubiese gustado encontrar a alguien que me mostrara cómo iba a ser el camino que me esperaba, porque por dentro estaba llena de terror. Cuando escribo siento que descargo lo que llevo por dentro y a la vez encuentro respuestas a mis interrogantes. Ese primer escrito todavía lo leo y estoy segura que ni siquiera fueron mis manos las que escribían, es que simplemente Dios me estaba dando todo lo que quería decirme (“Busqué al Señor, y Él me respondió, y me libró de todos mis temores.” [Salmo 34:4 LBLA]). Pensé que a otros que estuviesen pasando por algo similar les podía servir de algo.
Así que si se encuentran en una posición parecida les digo: tener miedo y tristeza es normal. Hay muchos altibajos en el camino. Que de cierto modo nos este iendo un poco mejor que a otros, aunque nos da motivos para estar agradecidos, no significa que no debamos tener espacio para que nos duela también. Incluso el profeta Elías que conocía de primera mano el poder de Dios se deprimió y se escondió ante las amenazas de una mujer (1 Reys 19:3). Que a nosotros de vez en cuando nos entre el frío olímpico y las ganas de llorar es parte del proceso, solo que no debemos quedarnos estacionados ahí si no intentar soltar el desahogo como yo con este escrito (“echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.” [1 Pedro5:7 RVR1960]), tratar de conectarnos nuevamente con el Padre (“No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” [Filipenses 4:6-7NVI]), depositar nuestra confianza en ÉL (“En el día que temo, Yo en ti confío.” [Salmos 56:3 RVR1960]), cambiar nuestra mirada hacia las bediciones (“Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.” [Salmo 103:2 LBLA]) y seguir caminando (“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” [Isaías 41:10 RVR1960]).

Comments
Post a Comment