25 abril - Ser fértiles




Los que me conocen saben que nunca he sido fanática de los bebés. A lo mejor sea porque nunca tuve uno cerca que cuidar, por lo cual ni siquiera sé como tratarlos. Así que realmente tenerlos para mí siempre ha sido un tema muy sensible y algo a lo cual le tengo mucho miedo. Añádanle a eso que en las redes sociales he visto muchas historias de complicaciones que las mujeres tienen durante el parto y añádanle el hecho de que soy millenial y mi generación es, pues… un poco cobarde para eso.

 

No sé si es la obsesión del ser humano de querer lo que no puede tener. Tal vez sea la presión social que llevan las mujeres en sus hombros, reforzada por la cultura bíblica y cristiana de pensar que los hijos son una bendición y no tenerlos pues… resulta ser lo contrario. O quizás sea el hecho de que esté ya en mis treinta y dos años y simplemente quisiera tener esa opción abierta por si un día me convenzo del todo. La realidad del caso es que en estos días me golpeó fuerte la probabilidad de que no pueda tener hijos.

 

Uno de los efectos de las quimioterapias que me dieron es que puede reducir la fertilidad, aunque me dijeron que simplemente reducía las probabilidades pero que aún así habían tenido pacientes que luego habían podido tener hijos. Lo discutí con mi esposo y estábamos tranquilos. No obstante, luego de que pasé el proceso y me dieron de alta, tuve una cita médica en la cual me dieron una orientación del proceso para poder recibir el trasplante de médula ósea. El médico me indicó que la quimioterapia que te inyectan es 3 veces más fuerte que la que había recibido en el hospital y me dieron un folleto que habla de todos los riesgos de esta. La lista es larga y aterradora, pero entre esos efectos secundarios vuelve a mencionar la esterilidad. Hasta ahora iba bien, pero de vez en cuando me vuelve a caer la espinita de pensar que no será posible. Seamos realistas, por más fe que tengamos siempre van a llegar los días de dudas, es normal.

 

He visto en mis redes que varias muchachas están embarazadas algunas de mi familia, otras simplemente conocidas, y hace algunos días atrás mi esposo me da la noticia que una familiar de él esta embarazada. La realidad del caso es que, aunque me alegró la noticia por la persona que lo está viviendo, a mi me derrumbó por dentro. Desde que me casé, y sé que no soy a la única que le han hecho esto, siempre está la gente detrás de uno: “¿y los hijos pa’ cuando?”. He tenido hasta personas sembrándome ese pánico de que: “se te esta haciendo tarde”, como si uno fuese una máquina que meramente vino al mundo a parir. Pues creo que todas esas palabras, aunque uno en el momento las ignore, realmente no se van con el viento, calan hondo. Además, sé que mi esposo tiene el deseo de ser padre y mis papás de tener nietos. Toda esa pelota de datos guardados en mi ser se juntó un domingo y explotaron en llanto. Me sentí tan inútil…  A lo mejor habría otra persona allá afuera que los pudiera hacer felices y yo ya no podré… eso fue lo que pasó por mi mente. Tranquilos, ahora mismo estoy bien. Tengo un esposo maravilloso que me apoya y me dio ánimo. Además, como les dije, es un tema de lo cual no estoy convencida del todo (si se fijan en la fecha en que comencé a escribir esto, se darán cuenta de lo mucho que lo pensé para subir este blog).

 

Creo que todo esto es simplemente la duda hablando. Como expliqué anteriormente las quimios reducen las posibilidades, no necesariamente las eliminan. Además, el mismo Dios que me ha acompañado durante todo este proceso y ha obrado para que mi cuerpo haya respondido bien al tratamiento y yo haya podido salir victoriosa del hospital, es el mismo que hace lo posible de lo imposible. Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. (Lucas 18:27). Por otro lado, desde hace varios años atrás ya llevaba el deseo en mi corazón de cambiarle la vida a un niño huérfano. Tal vez esta es la manera de Dios decirme que ese es el camino que debo seguir. Puede que todo esto sea simplemente Dios cuadrando el panorama para que la oración de un pequeñito sea contestada. El tiempo me dejará saber, Dios obra por senderos misteriosos…

 

Sea una cosa o la otra, los planes de Dios son perfectos y sé que lo que tenga para mí va a ser lo mejor. Sé que lo que debo hacer es simplemente descansar en los brazos de mi Padre. Lo cierto es que ser madre o no, no es algo que me defina como persona, somos tan valiosos y tenemos tanto que ofrecer. Podemos dejar nuestra marca en el mundo y ser fértiles de tantas otras maneras y lograr dejar huellas que pasen de generación en generación. En mi caso, espero haber tocado a otros con estos escritos y en un futuro quizás cumpla el anhelo de escribir el libro, pero si voy más allá, aveces pensamos en cambiar generaciones y ni siquiera nos ocupamos de tratar de tocar y cambiar la vida de una persona en necesidad a nuestro lado. Eso también es dejar una huella.

 

Por otro lado, ser madre tampoco debe ser algo de lo cual dependa mi felicidad. A veces estamos tan pendientes de el pasto que esta al otro lado de la verja que se nos olvida cuidar y agradecer el nuestro. Hace unos días escuché un mensaje de Christy Muller donde hablaba de las comparaciones. Dice en Gálatas 6:4 TLA: “Cada uno debe examinar su propia conducta. Si es buena, podrá sentirse satisfecho de sus acciones, pero no debe compararse con los demás.” Es que compararnos, lejos de levarnos a cosas buenas, nos puede llenar el corazón de envidia y de dolor, como los ejemplos que ella trajo: Caín, los hermanos de José y Saúl. Todos se pusieron a mirar el éxito del otro y terminaron dañando su corazón y fallándole a Dios. Cuando empiecen a llegar esos sentimientos de envidia ella recomendó los siguientes pasos: reconocer lo que estamos sintiendo con humildad, pedir perdón y dirección a Dios para que nos siga moldeando, intentar exaltar y bendecir a ese que lo logró antes que tu (“Si alguno está alegre, alégrense con él; si alguno está triste, acompáñenlo en su tristeza.” Romanos‬ ‭12:15‬ ‭TLA‬‬) y finalmente reconocer tus propias virtudes y lo que has logrado hasta ahora (Saúl ya estaba en una posición más alta que la de David y aún así decidió mirar y envidiar el éxito de David en vez de sus propios logros). A esta lista yo le añadiría el mirar el futuro con optimismo, pues… ¡hey!, todavía no es el final, todavía te queda mucho por alcanzar. Es que nuestra sociedad vive como en una competencia eterna, cuando simplemente los tiempos de cada uno de nosotros son distintos.

 

Y así pasamos la vida… cuando estamos solteras queremos un esposo, cuando tenemos el esposo nos quejamos de él y queremos mayor libertad. Cuando no tenemos hijos deseamos tenerlos, cuando los tenemos anhelamos un momento en silencio y a solas. Hay que disfrutar cada etapa de nuestras vidas, venga como venga porque “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora” (Eclesiastés 3:1). No siempre lo que nos trae la vida es lo que consideramos ideal. No siempre vamos a entender la voluntad de el Padre. Pero, si observamos bien, siempre tendremos algo de lo cual estar agradecidos y yo… yo tengo muchas razones para estarlo.

 

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