28 febrero al 2 de marzo – Cuando no hay palabras



Debo confesar que el simple hecho de escribir este blog me ha costado demasiado. Durante mi estadía aquí suelo levantarme en las mañanas a caminar un poco en la habitación, mientras pongo alabanzas y oro a Dios. Pero hubo días en los que simplemente no pude orar. Es que no me salían las palabras. Había tratado de mantener mi fe y mi optimismo pero, cuando ya pensaba que lo peor había pasado, en estos días el cuerpo ha decidido pasar factura. El tratamiento de pastillas ha destruído mi estómago y los largos días en la cama han hecho de mi espalda un campo de batalla. Qué les puedo decir… no han sido días fáciles, deseé como Jesús que se pasara de mí ésta copa tan amarga (Lucas 22:42).

Me ha tocado ver la vida desde una pantalla de un celular. Veo como el mundo no se detiene por mi ni por nadie, mientras que el mío sigue en “stand by” (en espera). Tal vez estoy varada dando vueltas como el pueblo de Israel en el desierto esperando que muera en mí todo lo que salió de Egipto. Así que en varias ocasiones me ha tocado conocer el significado de sacrificar alabanzas. “Ofrezcan sacrificios de alabanza, Y publiquen sus obras con júbilo.” Salmos 107:22 RVR1960. Tambien reconocer como aún en medio de mi soledad en este lugar el Señor se ha encargado de poner gente indicada, la cual nunca hubiera imaginado, para sostener mis brazos. Incluyendo unas bellas enfermeras. 

Y es que aunque de mi no salga clamor yo sé que en mi silencio Él puede escucharme: “Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.” Romanos 8:26 NVI. Es que el Señor nos conoce tanto que aveces no es necesario decir palabras. El conoce nuestros corazones. “Aún no tengo la palabra en la lengua, y tú, Señor, ya la conoces.” Salmos 139:4 DHHS94. Así que esos días opté por el silencio y a la vez un grito desesperado de misericordia. 

Finalmente, la vida, las situaciones, los problemas y las miles de cosas que nos pueden pasar tal vez nos puedan robar el aliento, las fuerzas y nuestra voz pero: “La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre».” Isaías 40:8 NVI y en esa es en la que espero confiadamente.

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