17 de febrero – Entre la Fe y el Llanto
La fe… una palabra tan corta con un gran significado. La biblia la define: “Tener fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos.”
Hebreos 11:1 DHHS94. Uno simpre dice tener fe en Dios porque cree que existió y cree en las historias bíblicas que nos enseñan desde pequeños. Pero cuando nos toca atravesar un valle de sombra de muerte… wow, esa palabra toma otro significado y se vuelve mas dura de entender y digerir. ¿Cómo bloquear nuestros 5 sentidos que ven, escuchan, sienten, saborean y huelen nuestra realidad física y tener la seguridad de que vamos a recibir o alcanzar algo que no está en el panorama? Pero como nos habló mi pastor Angel Sierra un día, la fe es el sexto sentido.
La biblia trae ejemplos de personas que sorprendieron a Jesús con su fe. Una de ellas: la mujer del flujo de sangre. Arrastrarse entre la multitud con tanta determinación de tocar a un hombre y creer que sería sana. Fue tal la sorpresa de Jesús que entre tanta gente que lo apretaba, sintió cuando fue tocado por aquella fe. (Lucas 8:46). Otro fue el centurión que tenía a su criado enfermo. Al no sentirse digno de que Jesús entrara en su casa solo le pidió que declarara la palabra y fuera hecho. “Jesús se quedó admirado al oír esto, y dijo a los que le seguían: —Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe como este hombre.”San Mateo 8:10 DHHS94. También está la mujer cananea que anhelaba un milagro para su hija. Aún sin ser del pueblo de Dios, ella sabía que pdría recebir por lo menos las migajas de la misericordia de Dios. “Entonces le dijo Jesús: —¡Mujer, qué grande es tu fe! Hágase como quieres. Y desde ese mismo momento su hija quedó sana.” San Mateo 15:28 DHHS94. Si lo trasladamos al día de hoy todas estas historias sonarían como una locura. Porque hoy, miles de años después y con un libro como referencia de las cosas que Él hizo, nos cuesta creer. Imagínense la fe ten grande que tenían esas personas que con apenas haber oido del maestro creyeron. Yo también quiero sorprender al Maestro.
Siempre me preguntaba cómo personas que estaban pasando por situaciones bien difíciles podían permanecer confiando en Dios. Hoy que me toca atravesar lo mismo y también me veo adorándole en medio de la tormenta, puedo creer que es el mismo Dios que nos sostiene. Si yo me dejo llevar por los miles de terminos médicos espeluznantes que me han dicho, todavía estaría llorando. Porque no lo niego, lloré y probablemente vuelva a llorar porque esto apenas es el inicio de un tratamiento doloroso. Ando en un sube y baja de emociones que me llevan entre la fe y el llanto. Pero, el mismo Jesús se permitió llorar por Lázaro aún sabiendo que resucitaría (“Y Jesús lloró.”S. Juan 11:35 DHHS94). Aunque también se piensa que ese llanto fue por la incredulidad de los que lo rodeaban, pero recordemos que Jesús era humano y si no fue allí, en la cruz también debe haber derramado sus lágrimas de dolor, aún sabiendo la promesa de su resurección y su propósito. Así que se valen, se valen las dos. Es posible tener fe y llorar de vez en cuando. Pero prefiero meditar en la palabra de Dios, adorarlo y llenarme de mensajes de esperanza, porque si decido tragarme todas esas palabras aterradoras de la medicina, no me levanto de la cama. Aunque les confieso, a veces pienso que si esta enfermedad hubiera caído sobre uno de los míos en vez de a mí, yo no estaría con esta misma actitud. Dios sabe todas las cosas…
Por otro lado, también solía cuestionarme el cómo había de hablarle a otros del poder y amor de Dios desde una posición de comodidad. Es decir, vengo de una familia amorosa que ha procurado que no me falte nada, ni físico, ni emocional, ni espiritualmente. Como dicen por ahí, estaba “grande, gorda y colorá”. ¿Cómo ir donde un enfermo a hablar de sanidad, donde un menesteroso a hablar de provisión, donde un desesperanzado a hablar de fe y esperanza? Es posible que lo que hoy estoy pasando sea el testimonio que ha de levantarse en mí para que pueda hablar con convicción del Dios en el que he creído, que después de todo esto pueda salir a levantar al que lo necesite. A lo mejor entonces pueda mirar al cielo llena de fe y decirle a Dios como Job: “Hasta ahora, solo de oídas te conocía, pero ahora te veo con mis propios ojos.” Job 42:5 DHHS94.
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